Introducción

La humanidad hemos afrontado a lo largo de la historia numerosas situaciones en las que la gravedad de los riesgos que afrontábamos nos han unido para superarlos. El cambio climático, las pandemias, la crisis terminal del capitalismo, la pobreza, la explotación, el neocolonialismo, la opresión de las minorías, no están produciendo el efecto social que cabría esperar en el sentido del bien común.

El actual sistema de poder, que tantos daños ha causado a lo largo de su historia, agudiza las causas de la crisis fomentando la manipulación, la corrupción, la explotación, el privilegio de la minoría y la represión para la inmensa mayoría de la sociedad.

Lejos de unirnos nos dispersamos y enfrentamos generando violencias sociales de todo tipo en los que no son ajenos esquemas anquilosados, cuestionados por la experiencia y los avances de la ciencia a lo largo de dos siglos.

Las ideologías de liberación, nacidas de la ilustración y la revolución francesa, situaron la libertad individual en manos del individuo dejando al estado su aspecto social. Doscientos treinta y dos años después los caminos por estas creados para la transformación social no parecer ayudar en la reversión de estos graves riesgos.

Todas estas circunstancias llevan a reconsiderar la comprensión del bien común para superarla, y como consecuencia aspectos troncales de la visión política, partiendo de aquello que más ha cambiado, la comprensión del ser humano que espera del bien común que lo sea de tod@s y para tod@s, sin menoscabar la libertad individual.

Audiolibro

Relatos de experiencias sociales con aprendizajes para crear un camino que nos lleve a una sociedad de Bien Común.
Una mirada crítica a nuestra historia que, a pesar de todo, ha mantenido el bien común como referencia.
Los relatos dejarán de forma amena un trabajo estructurado, una Tesis, útil para hacer entre tod@s el camino a una sociedad de bien común.

Comparte tu opinión para construir en sociedad un mejor camino al #BienComún

Democracia

La diversidad del ser humano nos puede llevar a la democracia, como necesidad racional, ejercicio individual y social para el empoderamiento de nuestras vidas.
La democracia, visto nuestro grado evolutivo, depende de la complejidad de la sociedad en la que vivimos, de los conocimientos necesarios y la posibilidad de ejercerla.
El ejercicio democrático, para alcanzar la completa realización de nuestra vida, debe incluir los procesos que conocemos hoy como procesos electorales institucionales, pero también cualquier decisión, ya sea económica, cultural, política, si existe la posibilidad técnica, en cualquier momento, por propia voluntad, según la necesidad de cada cual.
La democracia como proceso social es mucho más compleja que las breves participaciones electorales que el poder constituido nos concede. Late en la información que percibimos, sea esta obtenida de forma directa, como formación o información deseada, o incluida en las acciones que ejerce el poder. La manipulación es un viejo instrumento para el dominio social de quien ejerce el poder.
El voto es el aspecto más simple y resolutivo de la democracia, si la decisión que se adopta satisface la necesidad que nos ha llevado a actuar. Es por tanto la percepción personal relativa (según el conocimiento y el sesgo de los valores que a cada cual motiva) lo que nos induce a aceptar sus resultados o mantenernos movilizados para cambiarlos.
El silencio, las decisiones sin necesidad de voto, por consenso explícito o implícito, suponen la existencia en la sociedad de un conocimiento bastante completo sobre la cuestión de que se trate y unas características en la resolución que satisfacen a la inmensa mayoría.
La máxima democracia posible supone un conocimiento veraz y actual, accesible a toda la sociedad y comprobable (científico) en cualquier momento, incluyendo, como norma y método, a cada una de las personas conscientes de los valores que le identifican y de como estos mejor se realizan para alcanzar su felicidad y la del conjunto de la sociedad.
La sociedad del bien común es una utopía constantemente buscada por el subconsciente humano como la máxima realización posible de la democracia.

El Bien Común

Sostenibilidad
Cada persona necesita unos mínimos vitales: energía, alimentación, techo, cuidados… que les permitan reproducir y mantener su vida, como cualquier ser vivo. Para conseguirlos estamos limitad@s por las posibilidades del entorno, desde el cercano al ámbito del planeta, y la sociedad en la que vivimos.
Obtenemos los recursos necesarios según nuestras posibilidades, valores, capacidades personales y posición social. Sin considerar la complejidad que hemos alcanzado, y condicionados por nuestra naturaleza social, no somos muy distintos de otros seres vivos.
Actuamos para garantizar la sostenibilidad de nuestras vidas, colaborando con algunas personas y compitiendo con las demás.
La colaboración es forzada, inconsciente en la mayoría de los casos, por la alienación y cesión del poder personal y social a los poderes que nos dominan.
El fruto de nuestro trabajo, por la rapiña de quienes lo organizan, se distribuye injustamente para engrosar el beneficio de un@s poc@s destruyendo la sostenibilidad de la especie en el planeta y la sostenibilidad de millones de personas que, o bien no llegan a realizar sus aspiraciones personales, o no bien no cubren siquiera los mínimos requeridos en la sociedad en la que desarrollan sus vidas.
La sostenibilidad es el techo y condiciones que conforman el ámbito de la acción humana en el territorio que domina sin destruir los equilibrios que permiten la vida y su constante regeneración. Nuestro dominio como especie que evoluciona supone tanto la supervivencia como la evolución del conjunto de las especies del planeta, sin actos disruptivos que destruyan las condiciones del equilibrio entre el ser humano y otras especies y entre ellas mismas.
La competencia por obtener una mejor posición en la distribución de los beneficios del trabajo causa daños a la sociedad provocando con sus resultados una reorganización de la producción y distribución sin quebrar el dominio de los poderes que la organizan.
La competencia, por darse en condiciones de alienación, no altera la rapiña sobre el entorno natural pudiendo incluso agravarla.
Tras cada reajuste en la sociedad se producen cambios legales que afectan a todos los ámbitos, económico, político e institucional, de forma que, habiendo un cambio real en la apariencia, se mantiene la esencia insostenible de la sociedad y la reproducción de la distopía que dice ‘tenemos economía’ cuando no la hay.
La economía es una decisión del ser humano que solo merece este nombre si es sostenible porque en caso contrario atenta a nuestra supervivencia como especie y a la propia vida del planeta.
Como tal decisión, para no generar competencia, debe incluir a cada ser humano, sus valores y aspiraciones, de forma que las realice conscientemente activando su implicación social para su consecución.
Cada ser humano es responsable de sus acciones si tiene la capacidad necesaria, obtiene la formación e información que precisa y se organiza para colaborar con tal fin.

Nosotr@s y yo

Como ser social el ser humano no es solo ‘yo’ sino también ‘nosotr@s’, de forma que ser social e individual se complementan.

El ‘yo’ es objetivo, se manifiesta en cada persona de forma natural ya que cada persona aprende, tiene capacidad racional y emociones propias. Su poder e identidad, siendo individual, se completa con los valores de la sociedad, en los que se identifica, y el poder desarrollado por la sociedad para estos valores (forma concreta en que se han desarrollado).

La identidad social y personal de cada persona son inseparables, no las diferenciamos por lo que es normal que hablando de temas sociales de interés común confundamos el uso del ‘Yo’ con el uso de nuestro ‘yo social’ NOSOTR@S, que no es objetivo sino subjetivo.

Si intentamos definir el ‘Nosotr@s’ de un grupo, una identidad nacional, una asociación de cualquier tipo… nos vamos a los valores comunes que la identifican. Podemos tener incluso un texto con una definición perfecta de los valores grupales, sin embargo cada persona crea inconscientemente su propio sesgo de los valores subjetivos comunes. El nosotr@s de cada persona es un conocimiento vivo en el que no distinguimos lo objetivo propio de lo subjetivo común.

Activando a Nosotr@s para la acción común.

El Nosotr@s nos permite actuar como grupo, nuestros valores nos movilizan con aquellas personas con quienes los compartimos. Si se dan situaciones emocionales colectivas, algo que nos afecta a tod@s, actuaremos con aquellas acciones que socialmente hemos admitido como más adecuadas, por miedo, alarma, ira, o felicidad si es un logro. En esas situaciones espontáneas, rodeadas de fuerte presión emocional, como sucedió en los primeros meses de la pandemia de Covid_19, se activan los valores y la inteligencia social de forma que la comunicación para la acción pasa directamente, de forma transversal al grupo, que obtiene el conocimiento común mínimo que permite la acción del Nosotr@s. El Yo objetivo de cada cual trabaja interactuando con el Nosotr@s subjetivo.

El deseo de cualquier persona consciente es que l@s demás también lo sean y colaboren en la acción por el bien común, algo que no suele suceder mas que en situaciones extraordinarias con un riesgo demasiado grave para dejar las acciones en manos de otr@s.

El Nosotr@s es más complejo que una visión unificada, grupal, de valores. Si nuestro ‘Yo social’ es un sesgo personal de los valores sociales, sucede igual con cada persona que integra el grupo del que se trate. En conjunto, en la expresión social del grupo, percibimos una conciencia colectiva en la que los sesgos personales son insuficientes para marcar una diferencia sustancial. Sin embargo son esas pequeñas diferencias entre los sesgos personales una fuente permanente de conflictos interpersonales, luchas de poder, cuya base son las diferencias objetivas, individuales, el conocimiento diferencial con el que cada persona crea su nosotr@s.

Los movimientos sociales que permanecen en el tiempo consiguen una base cultural común; superan los roces entre sesgos personales integrando en su patrimonio las diferencias de conocimiento individual que facilitan la acción social. Gracias a sus organizaciones pueden alterar la respuesta emocional espontánea por una acción colectiva, premeditada racionalmente y por tanto consciente. Los obreros ingleses de principios del s XIX, antes de constituir un movimiento social como tal y adoptar la huelga como respuesta organizada, destruían máquinas a las que consideraban responsables de su situación.

Entre las experiencias que llevaron al nacimiento del movimiento obrero inglés y la respuesta espontánea de la sociedad a covid_19 la diferencia es solo una cuestión de tiempo en la que la tecnología ha facilitado un acceso más rápido al conocimiento diferencial. La cuestión entonces no es la homogenización de las personas ni la tecnología sino facilitar el acceso al conocimiento que nos permite actuar siendo nosotr@s. En la acción social el ser humano no percibe una pérdida de libertad, utiliza sus habilidades sociales para realizar los valores que le identifican social e individualmente.

La opción de dejar correr el tiempo cuando nos lo está reduciendo el cambio climático no es posible. Afortunadamente sabemos como activar el Nosotr@s para la acción común.

Los peligros de la inconsciencia

Durante milenios la humanidad ha actuado inconsciente de la relación entre su identidad personal y la social de lo que se han derivado graves daños sociales. El más grave se encuentra en que la identidad social que permite a cada persona ser parte del nosotr@s e identificar sus valores personales, incluye su propio sesgo de forma que trabajando para el común puede pasar a trabajar inconscientemente para si mism@, obtener un beneficio personal, impropio de su labor, y terminar siendo un corrupto en las labores sociales que desarrolla.

Esta deriva es fuente de comportamientos burocráticos previos incluso antes de la aparición del estado. El jefe de la tribu, o el brujo, que realizaban un rol social, usaron siempre su posición especial en beneficio propio.
La inconsciencia colectiva, ante la acción de las personas que caen en este proceso enfermizo, permiten el desarrollo de la enfermedad. La persona que cae en prácticas burocráticas no es muy distinta de aquellas que compartiendo los mismos valores le han ayudado a obtener su posición social. El sesgo personal no es suficiente para detectarlo porque cada ser que comparte esos mismos valores también tiene sus propios sesgos y por tanto no lo detecta hasta que es demasiado tarde, cuando ya existe la corrupción.

Quienes delegan su nosotr@s en las personas que van a realizar una función social pierden el vínculo de poder que les permite evaluar racionalmente la realización concreta del bien común. Sin embargo mantienen su sesgo personal que poco a poco se irá distanciando de las realizaciones del bien común que dirige la persona a quien las han confiado. Este es un proceso inconsciente que causa pasividad e incluso alienación ya que los valores que le identifican socialmente están vivos y evolucionan sin su participación.

Los estallidos sociales son la manifestación externa de un proceso de ruptura social que se ha gestado inconscientemente como consecuencia de la pérdida de poder y la contaminación del bien común con los objetivos privados de quien ha tomado una posición que considera es suya, exclusiva. La corrupción es para el burócrata un derecho personal adquirido, por mucho que sea vergonzante y perciba rechazo social por ella.

La persona que cae en la enfermedad social de la burocracia sufre a lo largo del tiempo una degradación personal, como ser humano. Se vuelve antisocial, confunde lo propio con lo común, denigra a quienes no han dado el paso con el/ella teniendo antes valores comunes. Termina por convertirse en un parásito social que vive de l@s demás.

El burócrata desprecia las advertencias sociales sobre su acción porque él mismo, por estar en una posición especial, no puede percibir de la misma forma la realidad que quienes están en la posición común de la sociedad que ha cedido su poder personal. Quienes lo han cedido no pueden dejar de ser seres racionales, contrastan el conocimiento adquirido con la experiencia de los bienes comunes y de ello generan un conocimiento vivo exclusivo de cada persona que sería muy valioso para mantener el bien común integrando a cada persona que comparte tales valores.

La evolución de la sociedad respecto al poder burocrático no es homogénea, cada cual tiene su propia evolución, aunque en conjunto la especie mantiene unas características comunes similares en la época en la que conviven.

La táctica del poder burocrático es siempre la misma usar esas diferencias evolutivas en su favor dividiendo a la sociedad para impedir que se unifique contra el. Si en su poder dispone de violencia la usa contra los díscolos y premia visiblemente a quienes no manifiestan actitud crítica. La mejor definición del ejercicio del poder burocrático se encuentra en los momentos más degenerados de su ejercicio del poder, el bonapartismo

La idea ilustrada de la homogeneidad humana, cuando menos en grandes grupos, no sale muy bien parada. Tampoco la utilidad del estado para el bien común. Este no se burocratizó por las características de algunos responsables políticos o por la especialización que trajo una sociedad más compleja sino porque el desarrollo cultural y científico no nos permitía distinguir entre el yo personal y el yo social.

El ‘Nosotr@s’  está presente en todas las manifestaciones de inteligencia social incluidas la inteligencia colectiva entre individuos que no se conocen a lo cual ayudan nuestras neuronas espejo. Está presente en los trabajos de los artistas que captan y muestran en su arte los valores que nos permiten actuar en común actuando en muchos casos, sin pretenderlo, como símbolos, referentes sociales de identidades colectivas.

Solo la presencia de organizaciones sociales comunes

Las personas conscientes en situaciones menos graves pueden motivar y sacar a flote el Nosotr@s por el bien común usando herramientas sociales como la Posición del Bien Común que dotan de los recursos necesarios a quienes comparten los mismos valores.

El desarrollo de habilidades sociales, una cultura preventiva de bien común y algunas practicas sociales como el Contrato Social, orientadas a impedir la burocracia, nos permitirán aprovechar a fondo las ventajas de la identidad del yo con el nosotr@s en un momento que nos reclama cambios de fondo.

HipatIA del Bien Común

HipatIA, una Inteligencia Artificial, relata la evolución por el Bien Común.

Helena, joven feminista y ecologista, explica en un breve relato el origen y significado del bien común partiendo de una investigación de ADN humano con una inteligencia artificial, HipatIA.

HipatIA recopila las historias que le cuentan en su Cuaderno de Bitácora, entre ellas este relato que difunde en la red. Es, como ella dice, nuestra propia historia, la del ser humano.
Incorpora un robusto Glosario de bien común al que se accede desde el relato y algunas Historias del Cuaderno de Bitácora.

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