El Bien Común

Sostenibilidad
Cada persona necesita unos mínimos vitales: energía, alimentación, techo, cuidados… que les permitan reproducir y mantener su vida, como cualquier ser vivo. Para conseguirlos estamos limitad@s por las posibilidades del entorno, desde el cercano al ámbito del planeta, y la sociedad en la que vivimos.
Obtenemos los recursos necesarios según nuestras posibilidades, valores, capacidades personales y posición social. Sin considerar la complejidad que hemos alcanzado, y condicionados por nuestra naturaleza social, no somos muy distintos de otros seres vivos.
Actuamos para garantizar la sostenibilidad de nuestras vidas, colaborando con algunas personas y compitiendo con las demás.
La colaboración es forzada, inconsciente en la mayoría de los casos, por la alienación y cesión del poder personal y social a los poderes que nos dominan.
El fruto de nuestro trabajo, por la rapiña de quienes lo organizan, se distribuye injustamente para engrosar el beneficio de un@s poc@s destruyendo la sostenibilidad de la especie en el planeta y la sostenibilidad de millones de personas que, o bien no llegan a realizar sus aspiraciones personales, o no bien no cubren siquiera los mínimos requeridos en la sociedad en la que desarrollan sus vidas.
La sostenibilidad es el techo y condiciones que conforman el ámbito de la acción humana en el territorio que domina sin destruir los equilibrios que permiten la vida y su constante regeneración. Nuestro dominio como especie que evoluciona supone tanto la supervivencia como la evolución del conjunto de las especies del planeta, sin actos disruptivos que destruyan las condiciones del equilibrio entre el ser humano y otras especies y entre ellas mismas.
La competencia por obtener una mejor posición en la distribución de los beneficios del trabajo causa daños a la sociedad provocando con sus resultados una reorganización de la producción y distribución sin quebrar el dominio de los poderes que la organizan.
La competencia, por darse en condiciones de alienación, no altera la rapiña sobre el entorno natural pudiendo incluso agravarla.
Tras cada reajuste en la sociedad se producen cambios legales que afectan a todos los ámbitos, económico, político e institucional, de forma que, habiendo un cambio real en la apariencia, se mantiene la esencia insostenible de la sociedad y la reproducción de la distopía que dice ‘tenemos economía’ cuando no la hay.
La economía es una decisión del ser humano que solo merece este nombre si es sostenible porque en caso contrario atenta a nuestra supervivencia como especie y a la propia vida del planeta.
Como tal decisión, para no generar competencia, debe incluir a cada ser humano, sus valores y aspiraciones, de forma que las realice conscientemente activando su implicación social para su consecución.
Cada ser humano es responsable de sus acciones si tiene la capacidad necesaria, obtiene la formación e información que precisa y se organiza para colaborar con tal fin.

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